Extranet / ¿Es hora de regular a los “influencers”?

Para muchos, regular el trabajo que se hace en y desde internet puede sonar absurdo, pero eso está cambiando y lo vemos en áreas como las apps para pedir un transporte, alquilar una estancia y, por qué no, cuando se contrata a “influencers” para promocionar algún producto o servicio.

Muchos se enriquecen mintiendo o vendiéndose al mejor postor, y eso lo saben las grandes empresas que “pagan” con dinero, especie o viajes a los llamados “influencers” para que mientan a su público o engrandezcan supuestos beneficios de productos o servicios que ya existen o que son falsos.

Veamos por qué es importante una regulación como existe en los medios de comunicación. Algunas empresas, principalmente hoteleras, aerolíneas y de la belleza y tecnología, se han quejado de como estos “trabajadores” tratan de extorsionarlos a cambio de dejarlos pasar noches gratis en alguno de sus centros de descanso o solicitar productos a cambio de menciones o, de lo contrario, atacarlos y “desprestigiarlos”.

Manny Gutiérrez, vlogger de belleza con cerca de cinco millones de suscriptores de YouTube, había sido acusado de recibir un pago por iniciar una pelea con una compañía de pestañas, quizá con la idea de que dicha pelea conduciría a más ventas del producto. Él y la compañía que le pagó lo negaron, pero las consecuencias de las acusaciones fueron inmensas, y los involucrados afirmaron ser receptores de amenazas de muerte, chantaje y todo tipo de invectivas en línea. ¿Pero quién los engrandece? ¿Las mismas empresas? No es la única controversia en el mundo de influencers.

Con tanto dinero inundando un mercado en gran medida no regulado y aún en desarrollo, seguirán las fallas éticas sin ser castigadas y lo han hecho ya. Vea el engaño: a principios de 2019, varios youtubers compartieron confesionales desgarradores de sus luchas con la depresión y el agotamiento. Uno de los ejemplos más apasionantes es el de la youtuber Elle Mills, quien grita a la cámara.- “Esto es todo lo que siempre quise. Entonces, ¿por qué demonios estoy tan infeliz?”.

Los triste es que terminaba su video promocionando BetterHelp, una aplicación que, por un precio, los conecta con un terapeuta profesional con el que pueden conversar virtualmente sobre sus problemas de salud mental.

Algunos usuarios que se dejaron engañar levantaron denuncias en el Better Business Bureau, que ayuda a que la gente encuentre empresas creíbles en México, EU y Canadá, por un mal servicio de la app. Pronto, youtubers que habían compartido sus historias crudas y personales fueron acusados de explotar cínicamente el tema de la salud mental para cubrir sus bolsillos.

A medida que crece el mercado de “lnfluencers”, el fraude se vuelve más desenfrenado y es más difícil discernir cuándo estas personas se involucran en publicaciones éticas y cuándo toman atajos cuestionables que engañan a sus seguidores por “quedar bien con la marca y ganar dinero o producto”.

En 2018, The New York Times publicó una investigación sobre los bots en redes sociales, particularmente, los comprados por aspirantes a “lnfluencers” y celebridades para inflar su Importancia en línea. Parece que eso no importó.
Algunas marcas se han vuelto conscientes de que son el blanco de tal fraude, y una industria artesanal entera ha surgido para ayudarlas a mantener honestas a las personas influyentes con las que trabajan. Sin embargo, eso no asegura al usuario o seguidor, que el comunicador, youtuber o instagramer, no esté pagado para recomendar algo a modo.

¿Qué pasaría si un medio “tradicional” publicará algo pagado, un producto o servicio, y este originara un problema dé salud o social para los que se dejaron “influenciar” por este medio? ¿Entiende ahora el tema de la regulación? Facebook y YouTube han implementado pautas de divulgación que le permiten denotar una publicación con contenido de marca pagado, pero yo he visto videos que pasan desapercibidos y, lamentablemente, muchos compañeros periodistas lo hacen a veces sólo por un teléfono, usando plataformas de sus medios, pues no llegan ni a tres mil seguidores.

Hay que considerar el ángulo del consumidor. Cada vez es más difícil para el usuario promedio de las redes sociales determinar cuándo una publicación muestra un producto como orgánico o patrocinado.

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