“Hay libertad, antes los medios estaban copados por los opinócratas”.

Los personajes que hoy se desgarran las vestiduras diciendo que con el presidente Andrés Manuel López Obrador la libertad de expresión está amenazada son los “opinócratas” que tenían copados todos los medios de comunicación en el pasado, afirma el caricaturista político de La Jornada Antonio Helguera.

“Veo que el Presidente habla directamente y denuncia lo que cree que es una campaña injusta; a mí no me parece mal, eso es democracia. Eso no significa una amenaza a la libertad de expresión”, dice a este diario, al señalar que antes había presión y acoso desde el poder.

“A muchos sorprende e incomoda que el Presidente responda”

Los que ahora se desgarran las vestiduras diciendo que con el presidente Andrés Manuel López Obrador la libertad de expresión está amenazada son los “opinócratas” que tenían copados todos los medios de comunicación, asegura Antonio Helguera Martínez, caricaturista de La Jornada.

En entrevista con EL UNIVERSAL, el dos veces Premio Nacional de Periodismo (1996 y 2002) recuerda que todavía en el pasado sexenio los programas de crítica política y humor, como El Chamuco, que nació en 2015 en internet y en el cual es coconductor, no podían acceder a medios como la televisión.

Helguera afirma que a muchos sorprende e incomoda que el Jefe del Ejecutivo responda directamente a los ataques que se le hacen en la prensa, porque en general los presidentes optaban por ignorarlos, desde la altura suprema, y mandaban a sus jefes de prensa a presionar y a acosar a los periodistas.

¿En qué estado ve la libertad de expresión en México en estos dos años de gobierno?

—Esos que ahora dicen que está en riesgo la libertad expresión o no conocen la historia de la prensa en México, sobre todo en el siglo XX, o la ignoran deliberadamente. Libertad de prensa hubo cuando Madero fue presidente, y así le fue, es decir, se armó una campaña mediática contra él, que contribuyó al golpe de Estado y a su asesinato.

Rius volvió a llevar la caricatura a la crítica. A partir de entonces empezó a haber libertad de expresión, sobre todo con Excélsior, de Julio Scherer, después Proceso, uno más uno, y más tarde con La Jornada, donde empezó a abrirse la crítica hacia los presidentes en la caricatura, pero súper limitada, el control de la prensa seguía siendo muy férreo, el sexenio de [Carlos] Salinas fue feroz, no podíamos publicar nada, había una presión constante sobre los medios para cuidar la imagen del Presidente.

¿Hay más libertad que en sexenios anteriores?

—Esa es otra cosa que me fascina de los que ahora se desgarran las vestiduras diciendo que la libertad de expresión está amenazada, lo dicen las personas que tenían acaparadas las tribunas. Tú prendías la radio, la televisión, abrías los periódicos y los artículos de opinión, son las mismas personas, los opinócratas que tenían copados todos los medios. Quienes tenían sus programas de opinión, sobre todo en el Once o el 22, ahí siguen, nadie los ha corrido, la diferencia es que ahora hay otro tipo de programa como el nuestro, según yo, eso es libertad de expresión, porque antes no podíamos acceder a esos medios, era lo que Carlos Fazio definió hace muchos años: la uniformidad mediática de la derecha neoliberal y tenían copados todos los espacios, perdón eso no era libertad de expresión y no lo es.

¿Coincide en que hay una prensa que ataca al Presidente de México?

—Hay medios que sí han encabezado, como en el tiempo de Madero, una campaña contra el gobierno de López Obrador. No es de extrañar, era de esperarse, pues eso ha pasado con todos los regímenes de izquierda en América Latina. Es decir, en Ecuador, en Argentina, en Brasil, en Venezuela, los medios, como generalmente son propiedad de la gente de dinero, pues se vuelcan en contra de los gobernantes.

¿Son los medios o los poderes económicos quienes están detrás de esa campaña?

—Veo que el Presidente alude mucho a Reforma, pero qué pasó con ese diario, al inicio de este gobierno hubo un grupo de empresarios encabezado por Claudio X. González que le inyectó dinero incluso cambiaron al director, Juan Pardinas, que ni periodista es para empezar y se convirtió en un ariete político. La calidad periodística de Reforma decayó y ahora es un arma contra el gobierno de López Obrador, evidentemente financiado por un grupo empresarial que está en su contra.

Ahora hay otros medios que están enojados con él por otras cosas, su intención de acabar con el outsourcing, hay muchos medios que contratan a su personal por ese sistema, entonces no me extraña, periódicos, específicamente, no me extraña que estén estos dueños en contra de él.

¿Este debate entre el poder político y la prensa es propio de una democracia?

—Creo que lo novedoso, sorprendente y que incomoda a muchos, es que el Presidente responda directamente a los ataques que se le hacen, porque generalmente los Presidentes optaban por ignorar, desde la altura suprema, y mandaban a sus jefes de prensa a presionar y a acosar a periodistas. El Presidente denuncia lo que cree que es una campaña injusta, no me parece mal, pues eso es democracia. Eso no significa una amenaza a la libertad de expresión, en nada, no veo en qué está la amenaza.

Pero poner nombres, hacer señalamientos directos o tachar como “inmundo pasquín”, ¿es correcto?

—Yo prescindiría de eso para subir el nivel de debate, prescindiría de calificativos y de esas cosas, pero bueno, yo no soy el presidente.

Ahora que López Obrador es el presidente de México, ¿es diferente la crítica hacia él?

—He visto mucho un cuestionamiento hacia mí o a otros colegas con la misma línea de que ya no criticamos al poder. No, eso está mal. Seguimos criticando al poder, lo que pasa es que el poder, no nada más es el político, hay poder mediático, por supuesto económico, eclesiástico y muchas otras formas de poder. Mi trabajo sigue siendo crítico con lo mismo que era antes del gobierno de López Obrador: la derecha neoliberal básicamente y si alguien se toma la molestia de revisar mi trabajo desde hace 30 vería que esa es mi línea de trabajo.

¿No oculta que simpatiza con la izquierda?

—Siempre he simpatizado con la izquierda, no lo oculto, no tengo por qué. Cuando fue la campaña del 88, de Cuauhtémoc Cárdenas, hacía cartones en favor de él, hubiera querido que fuera presidente, también apoyo a López Obrador, me simpatiza, porque es un hombre honrado y de principios, se dice pronto, pero ¿a ver, compáralo con Salinas o Calderón?

¿En dónde está el límite para no convertirse en militante o hacer propaganda?

—Eso es importante, el trabajo de un reportero y de un caricaturista es distinto, la caricatura es un género de opinión, por lo tanto es subjetiva, es mi opinión personal. Yo milito con mis ideas, jamás he militado en un partido, mucho menos en Morena, no soy incondicional de nadie, de ninguna fuerza política, simpatizo con López Obrador lo digo abiertamente, pero eso no quiere decir que milite para él, que apruebe todo lo que haga o sea un incondicional.

¿No hay una lealtad ciega?

—No, para nada, incluso el apoyo incondicional no sirve para nada, el apoyo debe ser crítico, yo no hago caricaturas para apoyarlo o alabarlo, el objetivo sigue siendo la derecha, el modelo económico, los medios, etcétera.

¿Qué ve en los medios?

—Siguen actuando igual que antes de que López Obrador llegara al poder. No han cambiado mucho las cosas, la gran diferencia es que en lugar de la oposición ahora está en la Presidencia, eso es lo que trastoca todo y da la apariencia de que todo ha cambiado.

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