“Peligroso, que el presidente señale a la prensa crítica”

El caricaturista Ángel Boligán dice que en medio de la polarización política que se vive el gremio necesita apelar a la tolerancia y el respeto, y continuar con su labor crítica, pese a los señalamientos injustificados del presidente Andrés Manuel López Obrador.

“El hecho de que el Presidente señale nombres de periodistas, de periódicos, de publicaciones cuando no está de acuerdo no es correcto. Tiene muchísimos seguidores, eso puede ser peligroso para nosotros. Nos señala y por eso la gente nos ve como adversarios”, argumenta.

“El cartón no debe tener ningún tipo de limitante”

El caricaturista Ángel Boligán se define como un agnóstico político que le permite, dice, tener más libertad al dibujar. Sin embargo, explica, en un momento en el que existe una gran polarización política, los periodistas y los cartonistas necesitan apelar a la tolerancia y al respeto. Y, sobre todo, deben continuar con su labor crítica y fundamentada. Además advierte que los señalamientos del presidente, Andrés Manuel López Obrador, a la prensa “no son correctos” debido a su posición de poder. “Si nos señala puede provocar que sus seguidores nos miren como adversarios y eso sí puede ser peligroso”, explica.

Boligán, de origen cubano, y quien ganó por tercera vez el Premio Nacional de Periodismo en “Caricatura y humor” por la pieza Libertad periodística, publicado en EL UNIVERSAL el 25 mayo de 2019 (antes lo ganó en 2009 y 2012), hace un llamado a no bajar la guardia porque en este momento de crispación que vive la humanidad han regresado fantasmas del pasado.

¿Qué significa ganar el Premio Nacional de Periodismo?

Una gran alegría por ser reconocido por el trabajo que realizo a diario en el país donde vivo y porque tiene un comité ciudadano. El cartón aborda el tema del chayo, como se le conoce en México; siempre ha habido sospecha de que existen periodistas que reciben dinero de un poder político federal, estatal o municipal, de un partido o del crimen organizado. A mí no me consta nada, pero este tema está en el debate, aunque no es el primero que hago sobre el tema. No acuso, reflexiono. Dibujé a un periodista con sus alas grandes, símbolo de libertad, atadas a una bolsa de dinero.

En el mundo ha habido cartonistas censurados. El caso más dramático es Charlie Hébdo. ¿Se piensa en esos casos al dibujar?

Sería autocensura, pero hay que pensar en todo. El cartón no debe tener ningún tipo de limitante, de censura, debe ser libre, el límite sólo lo debe poner el autor. Sin embargo, creo que nosotros debemos empujar para que los tabús, las líneas rojas y lo prohibido no existan. También soy de la idea de que para empujar y tirar los muros no necesitas necesariamente tirar pedradas, sino acercarte y empujar un poco todos los días. Repruebo, por supuesto, lo que han vivido los caricaturistas como los de Charlie Hébdo, pero también lo que han vivido otros en otras partes del mundo, quienes incluso han terminado presos por opinar diferente a los gobiernos. Exhorto además a no bajar la guardia porque en un momento de crispación como el que vive la humanidad, han regresado fantasmas del pasado. Los caricaturistas somos los soldados de la democracia, somos de la infantería, estamos en la línea de fuego y debemos seguir combatiendo. Mis dibujos tratan de llevar a la reflexión, no acuso porque a veces no tengo los argumentos ni la verdad absoluta, pero sí muestro evidencias de lo que sucede en el mundo para que sea el lector quien dicte sentencia.

Cuando hay polarización, ¿en qué posición se coloca un cartonista como tú?

Es interesante cuando pensamos en que las redes sociales nos han brindado herramientas más libres, es decir, publicamos en nuestras redes sin ningún tipo de filtro. Eso, creo, está bien, porque tenemos un contacto directo con la gente. Sin embargo, en las redes sociales también encuentras mucho ruido, muchas noticias falsas, muchos bots, es tanta la confusión y el ruido que con facilidad se cae en la falta de respeto, en las discusiones sin argumento, en la intolerancia. Soy de origen cubano y llegué en 92 a México, recuerdo que les contaba a mis amigos en Cuba que en México podías tener amigos de izquierda, de derecha y del centro, que pensar diferente al otro no era ningún problema, incluso en las familias existían diferencias ideológicas. Hoy hay muchos que en redes escriben envalentonados desde su habitación cosas sin sentido. Mi posición es la de la tolerancia. Si alguien no está de acuerdo conmigo, los respeto.

¿Un cartonista debe guardar distancia de su ideología?

Todos hemos estado definidos ideológicamente en algún momento. Ahora, con el tiempo, le temo a esa definición. Creo que cuando te defines con una ideología, con un líder, hay un compromiso que puede llevarte a callar cosas con las que no estás de acuerdo. Creo que el dibujante debe estar definido pero con sus principios, con sus convicciones y debe tener en cuenta el peligro de comprometerse con una postura política o líder. En mi época de hacer caricatura en Cuba decíamos que no debíamos darle argumentos al enemigo y para no hacerlo, callamos cosas que debían haberse corregido. Yo sigo teniendo compromisos similares, pero trato de que no me tiemble la mano a la hora de criticar y dibujar. Creo que soy una especie de agnóstico político, me siento mas cómodo así y más libre también.

¿Hay un asedio a la libertad de expresión en México?

Hay cosas que no son correctas. El hecho de que el Presidente señale nombres de periodistas, de periódicos, de publicaciones cuando no está de acuerdo, no es correcto, si bien es su derecho, como algunos han argumentado, no es correcto porque es la autoridad máxima del país y tiene muchísimos seguidores, eso puede ser peligroso para nosotros. Nos señala y por eso la gente nos ve como adversarios. Un periodista, un cartonista debe ser contestatario, crítico, este oficio no se trata de aplaudir, se trata de señalar. Los señalamientos deberían ser de ayuda a un gobierno. Sí me parece que sí hemos sido señalados injustificadamente. Sin embargo, no sé si la palabra asedio o acoso sean lo que definen lo que está pasando. Lo que sí sé es que nosotros tenemos que seguir haciendo lo que hacemos. Todo lo que echa gasolina a la polarización no es saludable.

¿Vivimos en un momento de efervescencia que se presta al dibujo y a la crítica?

Sí, por supuesto. Vivimos un modelo diferente, pero no estoy seguro de si estamos en una cuarta transformación. A dos años doy el beneficio de la duda. Hay cosas correctas, otras que me parecen un absurdo. En sentido general estamos a la expectativa. Lo que esperamos es que la libertad de prensa no vaya a mermar ni que las acusaciones de los gobernantes hacia la prensa sean un incentivo para que un medio no tenga anuncios, porque al final eso sería también una suerte de censura, y esperamos que las empresas tampoco usen este mecanismo, que decidan no anunciarse en un medio que no les gusta lo que dicen. La censura a un medio puede venir de otros lados y el económico es uno de ellos.

¿Qué podemos aprender de la relación de Trump con los medios?

A mí me parece muy bien lo que hemos visto en Estados Unidos, el poder no puede ser absoluto. Por ejemplo, ahora vemos que Twitter borró los tuits del presidente más poderoso del mundo porque no le parecía que decía la verdad y las televisoras hicieron lo mismo, eso es muy bueno, no lo censuraron, sólo no dejaron que siguiera diciendo cosas que no son verdad. Eso podría ser tomado como un ejemplo no sólo en México, también en cualquier lugar del mundo.

¿Cuál es el reto de los periodistas, de los cartonistas?

Seguir como vamos. Ser combativos, enfrentarse al poder con argumentos no sólo es valiente, es justo y debe seguir sucediendo en el gremio periodístico. Yo trato de ser lo más centrado, nunca aplaudiré, trato de que mi alma, mi mano y mi cabeza no sean superficiales ni políticamente correctos, lo que yo quiero es seguir siendo auténtico.

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