El televidente en México: streaming, TV abierta y de paga
Un análisis del ecosistema televisivo mexicano evidencia tres perfiles de consumo diferenciados.
El análisis comparativo de las audiencias televisivas en México revela una transformación profunda en los hábitos de consumo mediático, donde las diferencias ya no se explican únicamente por el acceso a contenidos, sino por factores generacionales, tecnológicos, educativos y de conectividad.
En este nuevo ecosistema, el streaming consolida un perfil claramente joven, digitalizado y con mayor nivel educativo. El 54.1% de sus usuarios se concentra entre los 18 y 34 años, lo que confirma la transición hacia un modelo de consumo “on demand”, donde la inmediatez y la personalización redefinen la experiencia audiovisual.
Más allá de lo tecnológico, el streaming se posiciona como una práctica cultural asociada a estilos de vida urbanos, hiperconectados y multitarea. Sus usuarios reportan en mayor medida estudios superiores, lo que sugiere una relación directa entre nivel educativo y adopción de plataformas digitales, vinculada a competencias tecnológicas, mayor capacidad adquisitiva y preferencias de consumo más especializadas.
Televisión abierta: vigencia desde la adaptación tecnológica
La televisión abierta, lejos de desaparecer, mantiene una fuerte presencia en los hogares mexicanos. Su principal fortaleza radica en la penetración tecnológica: el 96.5% de sus usuarios accede a través de Smart TV, lo que evidencia una adaptación del dispositivo, aunque no necesariamente del modelo de consumo.
Este segmento presenta además características socioculturales particulares, como un mayor uso del transporte público —camión o pesero— y, en términos comparativos, una menor conectividad a telefonía móvil. Aun así, sigue siendo un medio de alto alcance, sostenido por su accesibilidad y arraigo estructural en el hogar mexicano.
Televisión de paga: estabilidad y estructura social
Por su parte, la televisión de paga mantiene un perfil intermedio entre el streaming y la televisión abierta. Destaca por registrar el mayor porcentaje de propietarios de vivienda, con un 70.4%, lo que sugiere una base de usuarios con mayor estabilidad patrimonial.
Este segmento conserva una presencia importante en hogares estructurados y amplía su rango etario de exposición, lo que lo convierte en un punto de equilibrio dentro del ecosistema audiovisual, entre lo tradicional y lo digital.
Smartphone como eje transversal del consumo
En el análisis comparativo, una variable se vuelve determinante: el acceso a internet en el hogar, que marca una de las principales diferencias entre audiencias. A ello se suma el papel del smartphone como segunda pantalla permanente y articulador central de la experiencia mediática contemporánea.
Las tres audiencias coinciden en sus redes sociales preferidas: WhatsApp y Facebook, lo que evidencia que la conversación digital permanece altamente concentrada, incluso en un entorno de fragmentación de medios.
De audiencias masivas a microsegmentos narrativos
Para la industria de la comunicación, estos hallazgos implican un cambio estructural en la forma de diseñar estrategias. Los enfoques generalistas pierden eficacia frente a un ecosistema donde las audiencias ya no son homogéneas.
El reto está en evolucionar hacia modelos de microsegmentación narrativa y multiplataforma, donde el contenido, la publicidad y el posicionamiento respondan a patrones de consumo cada vez más específicos, dinámicos y definidos por la convergencia entre tecnología, cultura y educación.
En México, las diferencias entre audiencias televisivas ya no dependen del trabajo o la edad, sino del nivel de conectividad, educación y hábitos digitales.
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