5 de diciembre de 2022

Facebook es demasiado grande

18/10/21

Si alguien tenía dudas del poder de Facebook Inc. sobre la vida diaria de medio planeta, el pasado lunes tuvo su respuesta. Durante seis horas, todos los servicios de la empresa dueña de Facebook, WhatsApp e Instagram (tres de las cuatro redes sociales más grandes del mundo), con sede en California, estuvieron inutilizados por un fallo técnico. Las tres redes desaparecieron de internet para sus 3.500 millones de usuarios, casi la mitad de la humanidad. El apagón lo sufrieron desde el usuario casual hasta equipos de trabajo en remoto que se comunican por WhatsApp o negocios cuyo único escaparate es Facebook o Instagram. La compañía informó de que se trató de un error, posiblemente humano, durante un mantenimiento. En un alarde de opacidad inconcebible en cualquier otra industria, y más en empresas cotizadas, el público aún no tiene un relato detallado de cómo se produjo el fallo, o si podría volver a pasar.

La situación obliga a una reflexión sobre el monopolio de facto sobre internet, y por tanto la economía, que ejercen un puñado de compañías californianas, y de qué manera la vida diaria de media humanidad ha pasado a depender de las decisiones que ellas tomen. Facebook domina las comunicaciones interpersonales. Amazon domina el comercio electrónico. Google domina el acceso a la información. Ninguna puede caerse durante seis horas sin graves consecuencias. Nuestra vida y nuestra economía no se entienden ya sin la conexión a internet. Pero hace tiempo que internet no es un espacio abierto: interactuar con internet significa, cada vez más, interactuar con estas compañías. El propio concepto de monopolio está siendo reinventado por empresas que miden sus clientes en cientos de millones. En algunos países asiáticos, Facebook es internet.

El Congreso de Estados Unidos publicó un informe en 2020 en el que afirmaba que Google, Facebook, Apple y Amazon tienen “poder de monopolio”, es decir, tienen el poder de frenar cualquier nueva competencia en su terreno de juego. En el caso de Facebook, ese cuasimonopolio es además sobre la conversación. Las últimas revelaciones evidencian cómo la única prioridad de la empresa es el crecimiento en horas de uso, y a ello se supedita la higiene de los contenidos, incluso la salud mental de sus usuarios. En la regulación de ese mercado no está en juego solo la economía, sino la democracia. El informe fue el paso previo de una propuesta para dividir estas empresas y hacerlas más pequeñas. El apagón de Facebook revela la urgencia de avanzar en este sentido. Pero la partición puede no ser la mejor opción, puede no ser práctico ni realista con el actual nivel de concentración de un mercado que han creado ellos mismos. En cualquier caso, son hoy actores económicos sistémicos imprescindibles para desarrollar la vida tal como la conocemos, pero carecen de una regulación que sí experimenta la banca, la energía o el transporte.

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